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Señora de rojo sobre fondo gris. Miguel Delibes

Aunque siempre sea un detalle manifiesto, el espesor del barniz autobiográfico no es siempre el mismo en todas las obras de un escritor. Ciertamente, hay determinadas características de la obra que acá comentaremos atribuibles a una mayor densidad en tal sentido. A juicio del estudioso Hans-Jörg Neus Chäfer, dos personajes femeninos de la literatura delibeana —Carmen de Cinco horas con Mario y Ana de Señora de rojo sobre fondo gris— han de tener cualidades en común con Ángeles, la esposa de don Miguel. No obstante, queda claro que esta coincidencia atañe a Ana más que Carmen, tanto por haber tenido siete hijos como por la fecha y la causa de su muerte; dos detalles que coinciden con la realidad de Ángeles. Por consiguiente, explica Neus Chäfer, no escasearon en su momento los comentarios que opinaban lo siguiente: «como en Cinco horas Delibes dio una impresión más bien desfavorable de la mujer casada, se fue —en Señora de rojo sobre fondo gris— al desquite, idealizándola, de tal manera que ambos textos forman una especie de díptico con dos perspectivas contrastadas» (Dos mujeres, col. Mis libros preferidos, vol. ii, prólogo de Hans-Jörg Neus Chäfer, Barcelona, Ediciones Destino, 2000, p. 9).

Como quien se entrega a un elaborado ritual literario, el narrador de esta bella novela reconstruye la memoria que él guarda de su esposa, y así, iluminado por detalles entrañables, el recuerdo del viudo acompaña los gestos de quien fue tan excelente compañera. Al paso de esa evocación, el protagonista vibra con los sentimientos compartidos y nos relata lo más íntimo de las circunstancias conyugales. La reminiscencia, claro está, luce un tinte dramático, pues es la muerte quien arrebata una presencia tan querida, y es, por tanto, quien se enseñorea del relato bajo dos formas muy familiares: la sensación de ausencia y el extrañamiento de la realidad. En cierto modo, se trata de convertir en literatura un miedo muy profundo del escritor: la desaparición de alguien a quien quiere profundamente. Alguien cuya huella es tan profunda que, ante su falta, apenas tiene cabida el consuelo.

Para aclarar en qué medida dicho asunto figura en el escritorio del autor castellano, basta con leer estas declaraciones suyas, donde explica cuánto teme la muerte de los seres amados: «El presentimiento del dolor —dice Delibes—, ese tremendo sufrimiento cuando se te muere alguien muy cercano. De mi propia muerte, lo único que me preocupa es el hecho físico de morir: me gustaría que fuese de un modo rápido y en mi cama. […] [Mi amargura precoz] supongo que será una herencia neurótica como tantas otras cosas. Lo cierto es que la muerte para mí era una obsesión. Y no sólo como posible protagonista de esa muerte» («Miguel Delibes. Un castellano de tierra adentro», entrevista por Joaquín Soler Serrano, Escritores a fondo. Entrevistas con las grandes figuras literarias de nuestro tiempo, Barcelona, Editorial Planeta, 1986, p. 19).

Acerca de Delibes (Instituto Cervantes)

Sesiones: 9 y 16 de Febrero de 2012

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