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Bitácora de Poseidón. Herminia Luque

Bitácora

Herminia Luque Ortiz posee humor, posee un humor sincero y no del todo blanco que sabe llevar encima o guardar en un cajón, distribuir por un texto que ha escrito ella misma o untárselo en la mirada para salir a la calle y ver y observar y contemplar y explicarse qué es este mundo raro, ajeno, obtuso a veces y con puertas estrechas por las que no siempre podemos pasar. Herminia sale con ese humor y así ve las puertas más anchas, ve resquicios que permiten la entrada y la observación, incluso una estadía en lugares que no siempre nos son propicios. Gracias al humor, y aunque parezca paradójico, Herminia se disfraza y es ella misma, se halla a sí misma y puede salir a la calle consigo misma. Con inteligencia, no porta el humor en el brillo de los ojos, no acomete con él, pues lo ha domesticado y lo controla y no lo vuelve nunca ofensivo ni invasivo, lo que no les ocurre a muchos otros que son también tímidos y, pese a todo, creen en el mundo.

“Bitácora de Poseidón” no puede entenderse si no se entiende el humor. La escritora Herminia Luque Ortiz crea un personaje que se refugia en su humor tan particular y lo manda a andar por el mundo con su timidez invencible y su humor que es refugio del que se tiene por débil y vencido. No cuesta identificarse con Maldonado, ese personaje, pues ¿quién no se cree en el fondo de su corazón tierno y tímido, aún de alguna manera puro y por descubrir? La timidez es un mal, pero también un refugio, ya que el tímido se duele más que el que no lo es, tiene más vulnerables la piel y la mente, no consigue apartarse a tiempo y es atropellado por trenes insufribles en forma de personas con palabras inacabables y personalidades tan extensibles como un muelle. Los tímidos son víctimas, son sombras y son pensamientos cargados de pesar y de pudor que no se hunden jamás, como el aceite en el agua. Maldonado es tremendamente tímido, peor lo salva el humor, el humor distanciador, el humor que sirve para reírse de uno mismo, para desdoblarse sanamente y verse con otros ojos, los que nos alertan, nos ayudan a escapar de los incendios más peligrosos surgidos de las relaciones íntimas. Porque el afán del tímido es estar solo, no corromperse al lado de las corrupciones de otro, no ver esas corrupciones. El tímido es un niño que no crece ni debería crecer, pero no existen los milagros de la edad. Maldonado ha crecido y es profesor, se relaciona con profesoras y una decide cazarlo, atraerlo, atraparlo. El gran tímido no puede negarse, por supuesto, y sucumbe. Ahí está la mujer, ahí está la hembra, ahí está la carne: a ver qué ofrecen, Maldonado, qué son, Maldonado, qué tienen que ver las mujeres reales si las comparas con las que has amado en los libros, donde aparecían para ti más enteras, más verdaderas, más saludables, nunca dañinas.

Fragmento tomado de En la aurora de Francisco Ortiz.

Entrega: 8 de septiembre de 2015

Devolución: 30 de septiembre de 2015

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